Petróleo política y dineroPetróleo, política y dinero: la promesa olvidada de Chávez a Vázquez, la obsesión de Trump y el “sueño” uruguayo

Mientras el mundo debate la relevancia del petróleo en la estrategia de Trump y los desafios de la industria, en Uruguay asoma un año clave para su viejo anhelo de encontrar el suyo propio, lejos de los días en los que coqueteó con asociarse a Pdvsa para extraer de la Faja del Orinoco.

Un chorro negro como la noche salió eyectado hacia la superficie y nadie lo podía parar. A los habitantes del pequeño pueblo de La Rosa, en la cuenca de Maracaibo, los despertó el temblor seguido de una lluvia oscura, viscosa y olorienta. Era 14 de diciembre de 1922 y comenzaba, así como por golpe violento de la naturaleza, la historia moderna de Venezuela.

No era el primer descubrimiento petrolífero allí, ni mucho menos.

Desde hacía algunos años, bajo el gobierno del cruel dictador Juan Vicente Gómez —ascendido al poder en 1908—, la Royal Dutch Shell se había instalado en el país, y a ella se le había sumado Jersey Standard. Era una carrera por confirmar los tesoros que supuestamente yacían bajo esa tierra, una tarea titánica contra un paisaje salvaje y amenazas que iban desde la malaria hasta las flechas de los indios que a veces interrumpían la operativa.

Pero esto que ocurría en “El Barroso” era algo distinto.

A los diez días del incidente, cuando por fin los técnicos lograron controlar el derrame, el pozo ya había vomitado aproximadamente un millón de barriles, la misma cantidad que el país producía en un año al comenzar la década.

La noticia de esa columna negra tan potente que se llegó a ver desde Maracaibo, a casi 50 kilómetros de distancia, recorrió el mundo y rápidamente atraería a cientos de empresas. Era el anuncio inequívoco que tanto habían esperado.

Lo que vino después fue una historia de prosperidad y de ruina; una historia que más de cien años después vuelve a captar la atención del mundo en un nuevo sacudón; una historia de petróleo y política de la que nadie queda afuera, ni siquiera Uruguay.

Drill baby, drill
La fijación de Donald Trump con los recursos naturales, particularmente el petróleo, es una que no ha distinguido contextos históricos, dinámicas de precios o equilibrios geopolíticos.

Ya en 1987, el mismo año en que publicó el libro The Art Of The Deal, Trump se quejaba en la prensa de que Estados Unidos protegiera a los buques petroleros de otros países como Arabia Saudita o Japón. “Que lo paguen ellos”, pedía el joven empresario. La obsesión siguió en décadas posteriores, antes y después de involucrarse directamente en política. En 2011 dijo que él se hubiera quedado con el petróleo de Irak, y que la obtención de ese recurso era lo que más le interesaba de Libia. En su campaña de 2016 insistió en su clamor —“take the oil”— y en 2019, como presidente, dijo —contrario a lo planteado por sus asesores— que las tropas americanas solo seguían en Siria para asegurar el petróleo. “I like oil”, aclaró por si acaso.

Con esos antecedentes a cuestas, cuando este sábado 3 de enero, pocas horas después de que las fuerzas estadounidenses, a su mando, capturaran al dictador venezolano Nicolás Maduro y lo llevaran en avión hasta Nueva York para juzgarlo, algunos reaccionaron con cautela a las insistentes alusiones de Trump al petróleo.

Que Trump mencionara 20 veces esa palabra, ¿era un sincericidio al que nunca se había atrevido un presidente estadounidense o una simplificación de un cóctel más sofisticado de intereses y objetivos?

Parece un poco más lo segundo, pero para contestar esa pregunta es mejor empezar por los datos; aquí van algunos.

Venezuela está considerado como el país con la mayor cantidad de reservas de petróleo. Sus 300 mil millones de barriles técnicamente a disposición, representan casi un quinto del total de reservas estimadas en el mundo. Pero su industria está tan decaída que ni siquiera figura entre los diez primeros países en producción. En 2025 aportó solo el 1% del petróleo extraído, con menos de un tercio de los más de 3 millones de barriles por día que producía antes de la llegada del chavismo. Por ponerlo en perspectiva, el aporte de Venezuela a la producción mundial fue igual al de su vecino Guyana.

Del otro lado, Estados Unidos es el principal productor de crudo del mundo, y un exportador neto (más exportaciones que importaciones) desde 2019.

Varios expertos y operadores de la industria han advertido en estos días que una revitalización del mercado petrolero venezolano implica enormes desafíos, en tiempo e inversión —todo ello requiriendo estabilidad institucional—, aunque la intención del gobierno de Trump es capitalizar algunas oportunidades a corto plazo. “Sin un marco creíble de cambio institucional, solo veremos inversiones marginales en low-hanging fruit (negocios de menor esfuerzo)”, dijo este jueves Francisco Monaldi, experto petrolero venezolano y director del Programa Latinoamericano de Rice University, en una conferencia del Carnegie Endowment.

Alejandro Stipanicic, expresidente de Ancap, coincide con ese diagnóstico en diálogo con El País. “Hay que relativizar un poco la importancia de Venezuela en el mercado internacional. El nulo impacto de la noticia en los precios del petróleo te lo muestra”, dice el exjerarca.

¿Pero entonces el petróleo no es un factor relevante? Tampoco así, según coinciden en la industria.Aunque no de formas tan lineales. Algunos de los intereses de Estados Unidos en ese plano pasan desde la diversificación de los mercados que abastecen de crudo pesado (recurso que hoy compra principalmente a Canadá y que se procesa en las refinerías del Golfo), una mayor presencia de compañías norteamericanas (Chevron hoy en día, en un contexto de muchas limitaciones, representa el 25% de la producción en Venezuela; otras empresas como Exxon y Conoco mantienen reclamos desde su salida del país con el chavismo), hasta el “corte de canilla” al suministro de petróleo de Venezuela a Cuba.

Si bien el abastecimiento desde Venezuela a la isla ya venía en declive, compensado en parte por un aumento de importaciones desde México, los pasos que dé el gobierno estadounidense para apretar esas clavijas pueden ser determinantes para Cuba, que depende del petróleo para asegurar el suministro de energía eléctrica a su población. “Esto va a ser duro para ellos, especialmente si Estados Unidos logra presionar a México para reducir el suministro. Cuba podría estar en una situación que no han visto desde el colapso de la Unión Soviética”, dijo Monaldi.

Más allá de cuánto haya pesado el petróleo en la decisión de Estados Unidos de intervenir en Venezuela, está claro que será un factor clave para lo que viene, especialmente como mecanismo de negociación ante el gobierno venezolano encabezado por Delcy Rodríguez.

Ancap en el Orinoco
De los 300 mil millones de barriles de reserva estimados en Venezuela, casi tres cuartos corresponden a crudo extrapesado en la Faja del Orinoco.

Se trata de un lugar en el que, si uno se guía por lo que algún día dijo Hugo Chávez públicamente, Ancap llegó a hacer perforaciones de pozos petroleros.

En realidad eso no sucedió, pero estuvo cerca: tanto que en una de sus extensas alocuciones, el líder de la revolución bolivariana mencionó a la empresa uruguaya como una de las que ya estaba usufructuando la supuesta generosidad chavista.

En 2007, la época de las vacas gordas por el boom de los commodities —aún apalancado por una demanda china sin precedentes— todavía ayudaba a Venezuela a disimular sus crecientes ineficiencias, y el chavismo aprovechaba su riqueza petrolera para afianzar vínculos políticos en América Latina.

Tal como recoge el libro Petrodiplomacia: Valijas, negocios y otras historias del chavismo y Uruguay, del periodista Martín Natalevich, fue por ese entonces que Chávez le ofreció al presidente Tabaré Vázquez lo que había ofrecido a otros gobiernos del continente: la posibilidad de perforar yacimientos petroleros en Venezuela. “Por la gracia de Dios, en Venezuela tenemos un mar de petróleo y reservas de gas para 150 años, y queremos compartirlas con nuestros hermanos de América Latina”, afirmó Chávez en su visita a Montevideo, en la que aseguró que por esa vía Uruguay se garantizaría esos recursos “por los próximos cien años”. “¿Qué pueblo, qué gobierno, qué presidente puede tener más generosidad, por ejemplo, que poner a disposición del pueblo uruguayo un pozo petrolero?”, preguntó Vázquez esa tarde.

La generosidad no era tan lineal.

En realidad la invitación era a invertir en el complejo mejorador —indispensable para la producción en la Faja del Orinoco—, con un 40% de una inversión que podía ascender a los 6.000 millones de dólares, se explica en el libro.

“El interés de ellos en particular era catapular inversiones en el Orinoco, porque sus otras fuentes, Maracaibo y la Cuenca Oriental, ya estaban desarrolladas. En Orinoco tenés la mayoría del petróleo, pero es muy difícil sacarlo”, dice Stipanicic, que se desempeñaba como gerente de Desarrollo de Negocios de Ancap y formó parte de la comitiva uruguaya que viajó a Venezuela por esos años para evaluar la oferta.

La iniciativa finalmente no prosperó, como muchas otros negocios que se intentaron con Venezuela. Otros levantaron vuelo pero hasta el día de hoy son motivo de reclamos.

En diálogo con El País, Stipanicic menciona una ramificación olvidada por muchos: la participación de Pdvsa como accionista minoritario en Alcoholes del Uruguay (ALUR), con el 9%. Desde hace años, la participación de la empresa venezolana es menos que testimonial. No se presentan a las asambleas ni tienen su representante en el directorio. Pero su sociedad con Ancap genera cada tanto algún dolor de cabeza. “Nos pasó cuando hicimos exportaciones con ALUR, que recibimos inquietudes de compliance a la hora de cobrar, porque figuraba Pdvsa entre los accionistas. Tuvimos que llenar papeles y papeles explicando que no estábamos trasladando dividendos y que el dinero no iba a terminar en Venezuela”, dice Stipanicic.

En 2023, Ancap quiso acercar una oferta a los venezolanos para quedarse con las acciones. “Tuvimos muchos problemas incluso para dar con alguien”, dice el expresidente de la empresa uruguaya. Cuando lo lograron, desde Pdvsa pidieron unos 15 millones de dólares, que era el valor patrimonial “de libro” pero implicaba una cifra entre tres y cinco veces más de lo que Ancap estaba dispuesto a desembolsar.

El pozo uruguayo
En este contexto en el que el petróleo sigue siendo un elemento central de la economía mundial, y mientras la atención del mundo se posa sobre Venezuela, Uruguay —en su propia dimensión y escala, claro— no se queda por fuera de la conversación, con un hito clave en el calendario de 2026.

Para fines de este año está previsto que tenga lugar la primera perforación en el país desde el año 2016, con el anhelo de finalmente encontrar petróleo en la plataforma marítima uruguaya.

Ancap tiene siete bloques de exploración adjudicados, pero el “proyecto estrella”, tal como lo catalogó el jefe de Exploración y Producción, Pablo Gristo, es el bloque OFF-6 adjudicado a la empresa APA, en el cual está comprometida una perforación a 200 kilómetros de la costa.

Las perspectivas de hallar petróleo en Uruguay mejoraron a raíz de los descubrimientos en Namibia, que comparte origen geológico. Según los distintos cálculos que se han presentado, las chances de éxito pasaron del entorno del 10% a un 23%-25%, dependiendo la estimación. “Eso sigue una metodología de cálculo que tiene que ver con qué tiene que pasar para que haya petróleo ahí: tiene que haber una roca que genere petróleo, tiene que tener una calidad suficiente, tiene que haber generado petróleo y expulsado petróleo, y ese petróleo que se expulsó tiene que haber migrado a otra roca que lo pueda almacenar. Lo de Namibia mejoró la probabilidad de la roca generadora”, explicó Gristo en una comparecencia ante el Parlamento en diciembre. La probabilidad se refiere a la existencia de petróleo, pero luego está la incertidumbre de si es comercializable.

Pero en Ancap resaltan que la inminente perforación no es una más. “Todo el mundo está mirando el pozo en Uruguay. Y cuando hablo de todo el mundo, digo que las grandes compañías lo han calificado como uno de los cinco o diez pozos más importantes en el mundo para el año que viene”, dijo Gristo. Los cálculos probabilísticos de APA estiman que allí puede haber “cerca de 4 mil millones de barriles”, algo que “en la industria se denomina un elefante o gigante”, añadió el jerarca. “Si se descubre, después hay que hacer un proyecto de perforación de tres o cuatro pozos adicionales para determinar la extensión del yacimiento y definir si es comercial”.

Santiago Ferro, gerente de Transición Energética de Ancap, pidió que se les “permita soñar” y que en caso de que la perforación sea exitosa (el escenario menos probable), la producción “podría empezar en 2034”, con ingresos medios de US$ 1.600 millones para Rentas Generales.

Stipanicic resume: “En Venezuela sabés que hay casi nulo riesgo geológico, pero tenés un alto riesgo institucional. En Uruguay es al revés: el riesgo geológico es grande (todavía no se ha encontrado petróleo), pero el riesgo institucional es bajo”.

Solo el tiempo dirá qué es más difícil: si encontrar petróleo en Uruguay o recuperar la decaída industria venezolana.

Diario EL PAIS -Montevideo - URUGUAY - 11 Enero 2026