Influenza aviar: Uruguay mantiene la alerta sanitaria con focos limitados en aves silvestres
Autoridades sanitarias monitorean casos detectados en aves silvestres y refuerzan medidas de vigilancia y bioseguridad para evitar el ingreso del virus a la producción avícola.
Uruguay atraviesa una nueva etapa de vigilancia sanitaria frente a la influenza aviar, una enfermedad que en los últimos años ha generado preocupación en distintos países del mundo por su impacto en la fauna silvestre, la producción avícola y, en algunos casos, en la salud pública. Sin embargo, de acuerdo con la evaluación más reciente de los servicios veterinarios oficiales, la situación en el país se mantiene bajo control y circunscrita exclusivamente a aves silvestres.
Así lo explicó a Diario La R la doctora Virginia Russi, quien integra la División Sanidad Animal del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca. Según detalló, hasta el 5 de marzo se habían identificado ocho puntos en los que se detectaron animales silvestres positivos al virus.
“Por el momento, la semana pasada no hubo nuevos focos. Al 5 de marzo encontramos ocho lugares donde se detectaron animales silvestres positivos”, explicó la especialista al referirse al estado actual del monitoreo sanitario.
Los registros corresponden únicamente a fauna silvestre y no involucran aves domésticas ni establecimientos productivos. Entre los casos detectados se encuentra un cisne de cuello negro hallado en Maldonado, mientras que la mayoría de los registros corresponden a un mismo punto en la playa Chihuahua.
“Son solamente casos en animales silvestres”, precisó Russi, subrayando que esta diferencia es clave desde el punto de vista sanitario y comercial.
La especialista explicó que, aunque en los últimos días se recibieron nuevas notificaciones de sospechas, las pruebas realizadas resultaron negativas. Actualmente, algunas muestras continúan en análisis en los laboratorios especializados, como parte del sistema permanente de vigilancia.
“Hemos tenido algunas sospechas que han dado resultado negativo. Ahora tenemos un par de muestras corriendo en el laboratorio, pero es lo normal de todos los días”, señaló.
Este aumento en la notificación de sospechas responde, en parte, a una mayor sensibilización de la población y de los sistemas de vigilancia.
Desde el punto de vista sanitario, Uruguay se encuentra en una fase de alerta preventiva, basada en la detección temprana y la respuesta rápida ante cualquier foco.
Las acciones de los servicios oficiales se concentran en el rastreo epidemiológico en las zonas donde aparecen animales positivos y en la gestión segura de los cadáveres para evitar la dispersión del virus.
“Las medidas consisten en rastrear alrededor de los lugares donde aparecen los positivos y manejar adecuadamente la disposición final de los animales para que no contaminen el ambiente”, explicó Russi.
En el caso de aves silvestres, las posibilidades de intervención directa son limitadas. La principal medida consiste en retirar los cadáveres, tomar muestras para diagnóstico y proceder a su enterramiento seguro, evitando que puedan contaminar cuerpos de agua o ser transportados por carroñeros.
Para realizar estas tareas se utilizan estrictos protocolos de bioseguridad. “Las personas que toman contacto con los cadáveres utilizan equipos de protección personal y bioseguridad”, indicó la veterinaria.
Origen probable del virus
Aunque aún se encuentran en curso estudios genéticos que permitirán determinar con mayor precisión el origen del virus, las hipótesis actuales apuntan a la llegada del patógeno a través de aves migratorias.
Según explicó Russi, el virus circula en la región y puede ser transportado por aves que realizan desplazamientos estacionales a lo largo del continente.
Entre estas especies se encuentra el cisne de cuello negro, un ave característica de la región del Cono Sur que habita lagunas costeras y cuerpos de agua del sur de Brasil, Argentina y Uruguay. “Los cisnes son aves residentes que pueden contaminarse con virus que llegan con las migratorias”, señaló.
La confirmación definitiva del origen requiere estudios de secuenciación genética que se realizan en cooperación con centros académicos. En Uruguay, estas tareas se desarrollan con apoyo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, donde se analizan las muestras enviadas por los servicios veterinarios.
Sin impacto en la producción avícola
Uno de los aspectos más relevantes de la situación actual es que la enfermedad no ha afectado la producción avícola ni las aves domésticas.
Esto significa que el país mantiene su estatus sanitario internacional, un factor clave para el comercio de productos avícolas.
“Nosotros no perdemos el estatus porque está solo en silvestres. Se pierde el estatus cuando aparece la enfermedad en aves comerciales”, explicó Russi.
Además, Uruguay no enfrenta restricciones comerciales derivadas de estos casos, ya que los brotes no involucran la producción avícola.
El escenario actual también presenta diferencias significativas respecto al episodio registrado en 2023, cuando la influenza aviar tuvo un impacto más amplio en la fauna silvestre del país.
En aquella oportunidad, la laguna de Garzón registró una mortalidad cercana al 10% de su población de cisnes de cuello negro.
“En ese momento murieron cerca de 160 cisnes en la laguna de Garzón”, recordó la especialista.
Sin embargo, incluso en ese episodio el impacto sobre la biodiversidad fue considerado limitado en comparación con lo ocurrido en otros países.
De hecho, el mayor impacto sanitario de la enfermedad en Uruguay se registró en mamíferos marinos, especialmente en lobos marinos, que sufrieron varamientos y pérdidas de ejemplares.
Cómo reconocer aves afectadas
Las autoridades sanitarias también apelan a la colaboración de la población para detectar posibles casos en forma temprana.
Uno de los principales indicadores de enfermedad en aves silvestres es la pérdida de su comportamiento natural frente a la presencia humana.
“Cuando un ave no reacciona ante la proximidad de una persona, ya es un signo de alerta”, explicó Russi.
Otros síntomas pueden incluir movimientos nerviosos de la cabeza, desplazamientos en círculos o la incapacidad de mantener el cuello erguido. Ante estas situaciones, la recomendación es clara: no tocar al animal y dar aviso inmediato a las autoridades.
Prevención en aves domésticas
La principal estrategia preventiva consiste en evitar el contacto entre aves domésticas y silvestres.
En la producción comercial, esta medida se aplica mediante estrictos protocolos de bioseguridad, como el uso de galpones cerrados y mallas antipájaros. “Las aves comerciales se mantienen en galpones con malla que impide la entrada de pájaros silvestres”, explicó la especialista.
Además, algunas categorías de aves de vida productiva prolongada —como las gallinas ponedoras o reproductoras— reciben vacunas que ayudan a disminuir la velocidad de propagación del virus en caso de exposición.
No obstante, la vacunación no reemplaza las medidas de bioseguridad.
Uruguay mantiene un intercambio permanente de información con los sistemas sanitarios del Cono Sur, lo que permite anticipar riesgos y adoptar medidas preventivas cuando aparecen focos en territorios vecinos.
“Estamos en comunicación permanente con los servicios veterinarios del resto de los países del cono sur”, indicó la veterinaria.
En paralelo, el país participa en proyectos regionales orientados a mejorar los sistemas de alerta temprana frente a enfermedades emergentes. Estos programas incluyen el estudio de las rutas migratorias de aves y el uso de tecnologías de monitoreo para anticipar posibles brotes.
“Se están desarrollando sistemas de alerta temprana que analizan los movimientos de las especies migratorias y la presencia del virus en poblaciones silvestres”, explicó Russi.
A pesar de la vigilancia permanente, las autoridades sanitarias consideran que la situación actual no representa una amenaza para la producción avícola ni para el comercio internacional del país.
