Suba del petróleo presiona combustibles, pero la matriz renovable amortigua el impacto en Uruguay
El aumento del precio del petróleo a nivel internacional, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente, genera presión sobre los combustibles y la inflación en Uruguay, aunque el país cuenta con un factor estructural que actúa como amortiguador: su matriz energética altamente renovable.El aumento del precio del petróleo a nivel internacional, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente, genera presión sobre los combustibles y la inflación en Uruguay, aunque el país cuenta con un factor estructural que actúa como amortiguador: su matriz energética altamente renovable.
En las últimas semanas, el crudo registró subas significativas y episodios de alta volatilidad, en un contexto de incertidumbre sobre el suministro global, con valores que han superado los US$100 por barril en distintos momentos.
Presión sobre combustibles y precios internos
Para Uruguay, que continúa dependiendo de la importación de petróleo para abastecer su matriz de combustibles, este escenario tiene efectos directos.
El encarecimiento del barril impacta en los costos de importación de ANCAP y puede trasladarse a los precios internos en los ajustes periódicos, con consecuencias sobre el costo del transporte, la logística y, en última instancia, la inflación.
En ese sentido, el petróleo sigue siendo un canal directo de transmisión de shocks internacionales hacia la economía local.
Una diferencia estructural: la matriz eléctrica
Sin embargo, Uruguay presenta una particularidad que modera parcialmente este impacto.
El país cuenta con una matriz de generación eléctrica que en 2025 alcanzó un 98% de origen renovable, con predominio de fuentes hidráulicas (46%), eólicas (34%), biomasa (14%) y solar (4%), mientras que apenas un 2% provino de combustibles fósiles
Este proceso, consolidado en la última década, permitió reducir significativamente la dependencia del petróleo en la generación eléctrica, uno de los principales canales de consumo energético.
Un amortiguador en el contexto actual
Esta transformación implica que el impacto del aumento del petróleo no se traslada de forma uniforme a toda la matriz energética.
A diferencia de otros países más dependientes de combustibles fósiles para generar electricidad, Uruguay desacopló en gran medida el precio de la energía eléctrica del precio internacional del crudo.
Esto permite:
reducir la exposición directa a shocks energéticos externos
moderar el impacto sobre tarifas eléctricas
contener parcialmente presiones inflacionarias
En términos estructurales, la transición energética ha funcionado como un seguro macroeconómico frente a la volatilidad internacional.
Un límite claro: el transporte
No obstante, este amortiguador tiene límites.
El transporte —principal consumidor de derivados del petróleo— continúa dependiendo casi exclusivamente de combustibles fósiles, lo que mantiene la vulnerabilidad del país frente a aumentos en el precio del crudo.
Por esta razón, el impacto se concentra especialmente en:
combustibles
costos logísticos
cadenas productivas
Energía y competitividad
En este contexto, la matriz renovable también adquiere relevancia desde el punto de vista de la competitividad.
Un sistema eléctrico estable, con costos relativamente desacoplados del petróleo, representa una ventaja para sectores productivos y para la atracción de inversiones, especialmente en industrias intensivas en energía.
Entre la resiliencia y la exposición
El escenario actual deja en evidencia una doble realidad.
Por un lado, Uruguay logró avanzar hacia una matriz energética más resiliente, menos dependiente del petróleo en áreas clave como la generación eléctrica.
Por otro, mantiene una exposición significativa en el consumo de combustibles, lo que sigue transmitiendo los efectos de la volatilidad internacional hacia la economía doméstica.
Un desafío de segunda generación
En este contexto, el desafío ya no es la transformación de la matriz eléctrica —prácticamente consolidada— sino avanzar en una segunda etapa de transición energética, enfocada en sectores como el transporte y la industria.
Mientras tanto, el país enfrenta el actual escenario internacional con una ventaja relevante, pero no suficiente para aislar completamente los efectos del aumento del petróleo.
