terreno contra la costaMiguel Asqueta: “En la franja costera no se puede construir: es un bien ambiental que debemos preservar”

El Director de Planificación y Ambiente de la Intendencia de Colonia, Dr. Miguel Asqueta, reafirmó que la actual administración aplica criterios estrictos para impedir nuevas construcciones de viviendas en la faja costera, incluso no se permiten ramblas como las tradicionales, sí paseos costeros tratando de no modificar lo natural.

En entrevista realizada por EL ECO, explicó los impactos acumulativos sobre la costa, la situación particular de Nueva Palmira y la necesidad de proteger este patrimonio natural para las próximas generaciones.

—¿Qué hay previsto en material de Planificación y Ambiente para el departamento de Colonia?

—Con respecto a la faja costera, existe una preocupación muy especial en este período. Es una preocupación que viene de antes, sin dudas, pero en esta administración hemos enfatizado el tema y se han impulsado acciones concretas para promover un estudio profundo de toda la franja costera.

La intervención humana sobre la costa no es nueva; se remonta a siglos atrás. La construcción de calles, viviendas, la extracción de arena y piedra, y los emprendimientos vinculados a la navegabilidad de los ríos Uruguay y de la Plata han generado impactos acumulativos. Todo esto debe analizarse en un contexto histórico para comprender cómo nuestras costas fueron degradándose.

Zonas que antes tenían amplios arenales, médanos o barrancos que parecían firmes, hoy muestran un retroceso evidente. Las costas del departamento de Colonia han cambiado, y la preocupación es enorme. Por eso tomamos como eje central la Directriz de Faja Costera, junto a las directrices nacionales, las pautas departamentales y los planes locales de ordenamiento territorial.
El objetivo es claro y se trata de proteger el ambiente y el borde costero.

—¿Qué particularidades presenta el caso de Nueva Palmira?

—Ahí confluyen varios factores en su franja costera. Por un lado, la cercanía con la principal actividad económica e industrial de la ciudad, que son sus puertos.

Pero si nos centramos en la costa urbana, especialmente hacia el noreste, en la zona de Barrancas y Brisas, observamos fenómenos claros de erosión. En los barrancos se pierden bordes y hoy hay menos territorio. Por otra parte, en la faja de playa, especialmente hacia la desembocadura del arroyo Sauce, se registra una pérdida significativa de arena, muchas veces agravada por acciones humanas que afectan directamente la franja costera.

Está la necesidad de preservar y cuidar especialmente la costa. Por eso, desde que esta administración comenzó en julio, hemos sido muy estrictos con todas las solicitudes formales para nuevos emprendimientos, fraccionamientos o edificaciones en la faja no edificable frente a la costa. No se aprueban. Se explican las razones y, muchas veces, mantenemos largas entrevistas con vecinos, incluso personas que conocemos desde hace años, para dejar en claro que hay cosas que no se pueden hacer en la costa.

—¿Qué mecanismos de control y participación están previstos?

—El Plan Local de Palmira se prevé la conformación de comisiones de seguimiento, y nosotros estamos impulsando su reactivación. Queremos un seguimiento serio, con participación del gobierno local, del gobierno departamental y de actores relevantes de la sociedad civil, organizaciones sin fines de lucro y vecinos comprometidos.

Creemos que es necesario generar una o varias instancias de discusión y seguimiento para revisar algunos temas. Además, existe voluntad política —y así lo hemos hablado con el señor intendente y con los equipos técnicos— de analizar una eventual reformulación de algún artículo del plan local, una propuesta que ya venía de la administración anterior.

—Usted fue edil departamental junto a quien era edil también en ese entonces, Heber Márquez, y promovieron una franja no edificable de hasta 100 metros entre Ibicuy y Rondeau. ¿Cómo recuerda ese proceso?

—Eso fue hace unos 25 años. Nosotros junto con otros ediles fuimos partícipes activos en la defensa de la costa, con criterios que en algunos aspectos no eran coincidentes. En un mundo ideal, esos 100 metros serían lo óptimo, aunque también es cierto que a veces esos criterios tan estrictos no siempre contribuyen al mejor desarrollo.

—Se vuelve a hablar de la construcción de ramblas o paseos costeros en ciudades como Nueva Palmira y Carmelo. ¿Cuál es su posición?

—En Uruguay, la rambla tradicional es una vía pavimentada, asfaltada, con tránsito vehicular pesado, veredas y estacionamiento. Ese tipo de infraestructura elimina vegetación natural y termina afectando la sostenibilidad ambiental de la costa.

Hoy ese modelo ya no se permite en muchos lugares. Esta administración se va a alinear con los conceptos ambientales modernos, por lo tanto, no se promoverán ramblas como las que conocíamos en las ciudades costeras del departamento de Colonia, de Montevideo, de Canelones.

Si hacia Brisas se hubiera construido una rambla nuestros hijos y nietos no podrían disfrutarla, porque destruye barrancas, se rompe y acelera la pérdida de arena.

Lo que sí es posible son paseos costeros respetuosos del ambiente, con una amplia faja protegida, tránsito de vehículos livianos, uso prioritario para peatones y bicicletas, y sin estacionamientos. Eso es ciudad sana, hábitat sano, incluso un paseo que favorece la salud mental.

—¿Y qué opinión le merece la recarga artificial de arena en las playas?

—Es una medida de mitigación, pero hay que ser claros, son trabajos que a los dos, tres o cuatro años, esa arena se va. A veces hay que hacerlo, sobre todo en playas muy concurridas que no se pueden perder, como en Carmelo, donde la playa es mucho más limitada.

EL ECODIGITAL -Montevideo - URUGUAY - 15 Enero 2026