Déficit hídrico en Montevideo: Ose activa la segunda fase de excepcionalidad por sequía
Se bajará la presión del agua como una de las medidas.
OSE informó que el sistema metropolitano de abastecimiento de agua ingresó en la segunda etapa o fase de excepcionalidad del protocolo de sequía. La medida responde al déficit hídrico persistente que afecta a Montevideo y el área metropolitana, y busca preservar las reservas disponibles mientras se sostiene el servicio en condiciones adecuadas para la población.
La decisión implica una reducción gradual de las presiones de bombeo en la red, con el objetivo de optimizar el uso del recurso y minimizar posibles interrupciones o bajas presiones en zonas altas o alejadas. Paralelamente, OSE informó que reforzó las cuadrillas dedicadas a la detección y reparación de pérdidas en la red de distribución. En un comunicado señaló que actualmente, el 90 % de los reclamos por problemas de abastecimiento se atiende en menos de 20 horas, un desempeño que la empresa busca consolidar con más equipos operativos en campo. Paralelamente, se vienen reacondicionando perforaciones destinadas a la extracción de agua subterránea, «las cuales serán activadas únicamente en caso de que la evolución de la situación hídrica así lo requiera».
Además, se informó que se realizan ajustes periódicos en la toma del río Santa Lucía, «priorizando la captación aguas arriba de la represa de Aguas Corrientes y complementando, en casos puntuales, con operativas aguas abajo, siempre dentro del cauce del río y sin afectar la calidad del agua».
El comunicado de OSE cierra con un llamado a la población exortando a realizar un uso responsable y solidario del agua potable.
Las fases del protocolo
El Protocolo Específico de Sequías (PES) es para el Área Metropolitana de Montevideo y el arroyo San Francisco. Este instrumento fue aprobado en 2025, tras la grave crisis hídrica de 2022-2024, y fue elaborado por OSE con la participación de la Dirección Nacional de Aguas (Dinagua) del Ministerio de Ambiente, contando con financiamiento y apoyo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Se basa en el Protocolo Nacional de Sequías de 2023 que promueve una gestión anticipada y preventiva frente a eventos climáticos extremos.
El PES define indicadores clave como el volumen de reservas, los caudales del río Santa Lucía, las precipitaciones y la evolución de la demanda junto con umbrales específicos que determinan el estado del sistema. Estos umbrales se comparan mensualmente y distinguen si las reservas están en fase de descenso o de recuperación, lo que permite una respuesta progresiva y escalonada. El objetivo central es evitar que la situación derive en emergencias como la de 2023.
El protocolo establece cuatro estados principales. En normalidad, las reservas superan el umbral de alerta por lo que se mantiene la operación estándar con monitoreo rutinario y sin medidas excepcionales. Cuando las reservas caen entre el umbral de alerta y el de sequía se activa la fase de alerta. En esta etapa se fortalece el monitoreo de recursos y reservas, se evalúa permanentemente el sistema, se adecúa la gestión operativa y se prepara la infraestructura de emergencia. Además, se emiten recomendaciones a la población para un uso responsable del agua, como evitar riegos excesivos o lavado de veredas con manguera. Esta fase se activó preventivamente en diciembre de 2025 debido a precipitaciones escasas y caudales bajos.
Si las reservas continúan descendiendo y quedan entre el umbral de sequía y el de emergencia se ingresa en la excepcionalidad, también denominada segunda etapa o fase de excepcionalidad. Aquí se aplican medidas operativas más restrictivas como reducción gradual de las presiones de bombeo en el sistema metropolitano para optimizar el uso del recurso y minimizar afectaciones en el servicio, refuerzo de cuadrillas para detección y reparación rápida de pérdidas, ajustes en la toma del río Santa Lucía priorizando aguas arriba de la represa de Aguas Corrientes y complementando aguas abajo solo cuando es necesario y siempre dentro del cauce, y reacondicionamiento de perforaciones subterráneas como reserva estratégica para activarlas si la situación empeora. Esta es precisamente la fase declarada por OSE ayer.
Finalmente, cuando las reservas caen por debajo del umbral de emergencia se declara la emergencia. En este estado se implementan medidas extremas, como la posible mezcla con agua salobre tal como ocurrió en 2023, cortes programados, activación total de perforaciones y trasvases por ejemplo, desde el río San José, y en casos críticos, racionamiento. Hasta el momento, esta fase no se ha declarado en 2026.
El protocolo permite una entrada progresiva en los estados excepcionales por descenso de reservas y una salida ordenada cuando hay recuperación, con umbrales ajustados para evitar oscilaciones innecesarias. Incluye además un Comité Permanente de Sequía que coordina las acciones entre OSE, Dinagua, Inumet y otras instituciones involucradas.
La anterior sequía
Esta situación que se vive hoy evoca el escenario crítico vivido entre 2023 y 2024, cuando Uruguay atravesó la sequía más severa en más de 70 años. En ese período, las reservas del sistema de Aguas Corrientes cayeron a niveles mínimos históricos, obligando a OSE a activar todas las fases del protocolo de emergencia, incluyendo la mezcla de agua salobre del Río de la Plata con agua dulce del Santa Lucía. Durante varios meses especialmente entre febrero y mayo de 2023 y febrero y abril de 2024, gran parte de Montevideo y el área metropolitana sufrió bajas presiones, cortes programados y agua con sabor y olor salino.
La crisis dejó lecciones como la dependencia casi exclusiva del Santa Lucía, la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos extremos y la necesidad de acelerar obras de respaldo como la planteada de Casupá. Aunque las lluvias de 2025 mejoraron el panorama y permitieron una recuperación parcial, el déficit hídrico actual demuestra que el riesgo persiste y que el cambio climático sigue poniendo a prueba la infraestructura hídrica del área metropolitana, que concentra casi la mitad de la población uruguaya.
A diferencia de la emergencia de 2023-2024, la fase actual no implica aún mezcla con agua salobre ni cortes masivos, pero la reducción de presiones y el monitoreo permanente indican que Ose está anticipando un escenario de mayor estrés. La empresa mantiene que el abastecimiento se realiza principalmente con agua dulce del Santa Lucía, y que las perforaciones subterráneas siguen como reserva estratégica.
