Castillo reclama que el acuerdo Mercosur-UE no implique "ser invadidos por productos elaborados en otro lugar" y que no "sigamos siendo eternamente suministradores de materia prima"
El ministro de Trabajo tiene sus "reservas" de que el acuerdo se vaya a firmar en enero, apuntó que "algunas condiciones" del "proteccionismo" europeo son "necesidades que también tenemos que colocar acá" y sostuvo que hay un "trecho por delante" para el que "falta mucho debate"
El Partido Comunista del Uruguay (PCU) ha llamado a “ser críticos” con el acuerdo Mercosur-Unión Europea a la hora de que “este tipo de tratados no penetren nuestros mercados sin abrir mayormente los suyos”, y el PIT-CNT rechazó directamente la alianza comercial de ambos bloques porque “favorece solamente a los sectores de exportación de los commodities que incluso son los que más violan a la naturaleza y al ambiente”, a la par de haberse negociado “a espalda de los trabajadores.
Si bien el gobierno de Yamandú Orsi ha jugado todas sus fichas a la firma de ese acuerdo, en el seno de la izquierda –y del propio Consejo de Ministros– no faltan voces que miran con resquemor sus posibles impactos en el empleo y en la industria nacional. Tal es la posición del ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, quien a su vez fue designado como secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista tras pasarle la posta a Óscar Andrade como nuevo secretario general.
“Quiero reconocer acá que el canciller de la República (Mario Lubetkin) ha sido siempre notoriamente optimista en que se va a firmar el acuerdo. En su momento, lo conversamos, (yo) no la veía tan cercana”, sostuvo el ministro en entrevista con El Observador, quien repasó que hubo un “primer tropiezo” en el Consejo Europeo tras la oposición de Francia y la dilatoria planteada por Italia.
“Yo tengo mis reservas en torno a si efectivamente se va a firmar en enero. Pero de todas formas hace falta un gran debate. El tema de las asimetrías es un tema real. Algunas condiciones sobre no perder el proteccionismo que tienen países de Europa son a veces necesidades que nosotros también tenemos que colocar acá”, afirmó Castillo.
“Porque si solamente acabamos por ser invadidos por productos elaborados en otro lugar, quiero ver cuál es el rol entonces que tienen los trabajadores y las trabajadoras de nuestro país y la producción. No quisiera que el final de la película sea que nosotros sigamos siendo eternamente suministradores de materia prima para el resto”, laudó.
Castillo insistió en que “hace falta mucho debate y escuchar a todos los sectores productivos” del país. Al ser consultado sobre la decisión prioritaria de su gobierno en pos de ratificar el acuerdo, el ministro de Trabajo señaló que “a partir de ahí hasta la implementación después también tenemos un trecho por delante”.
El jerarca ponderó no obstante que se esté “respetando” la “gran bandera de reivindicación” de que “sea todo el Mercosur el que negocie con toda la Unión Europea”.
“Veamos”, concluyó. “Porque hoy me parece que las demandas y las necesidades de nuestra región, de nuestros pueblos del sur de América, es una demanda de mayor ingreso, de más trabajo con calidad y de negociar en mejores condiciones. Bueno, veamos todo lo que contiene este acuerdo, este borrador, que yo no lo conozco íntegramente, pero son algunas de las señales que hay que tener presente”.
Tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von Der Leyen, como el titular del Consejo Europeo, António Costa, ratificaron días atrás al mandatario brasileño Lula Da Silva que el bloque votará el acuerdo en el correr de enero. También la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, aseguró a Lula que solo precisa más tiempo para zurcir las resistencias de los productores agropecuarios de su país y que está convencida de que logrará brindarles las garantías necesarias para suscribir el acuerdo en 2026.
Pese a marcar su “desilusión” por la marcha atrás de último momento, todos los socios del Mercosur ratificaron durante la cumbre del 20 de diciembre en Foz de Iguazú su posición favorable a firmar el acuerdo lo antes posible, con el temor de que una nueva dilatoria de la Unión Europea termine por sepultar las chances de un tratado que ya lleva 26 años sin poder firmarse.
