Un estudio de largo plazo realizado en Tacuarembó confirmó que la sustitución parcial de pastizal por una plantación de Pinus taeda redujo de forma significativa el rendimiento hídrico de una pequeña cuenca experimental. El resultado es relevante y debe incorporarse a la planificación forestal, pero no permite concluir que toda forestación reduzca el agua en la misma proporción ni que “los ríos de Uruguay” respondan de manera uniforme. La propia evidencia científica más reciente muestra que el efecto depende de la proporción forestada, el tipo de suelo, el clima, la edad y densidad de los árboles, el manejo silvícola y la ubicación de las plantaciones dentro de cada cuenca.

La investigación, titulada Hydrologic Impacts of Afforestation in Uruguay, A 20-Year Paired Watershed Study, fue publicada en 2025 en el Journal of the ASABE por George M. Chescheir, R. Wayne Skaggs, Devendra M. Amatya y François Birgand. El trabajo fue difundido recientemente en Uruguay por El País.

El experimento comenzó en el año 2000 en la estancia La Corona, dentro de la cuenca del río Tacuarembó. Los investigadores instrumentaron dos pequeñas cuencas vecinas: LC1, de 69 hectáreas, y LC2, de 108 hectáreas. Durante los primeros tres años ambas permanecieron bajo pastizal con pastoreo, lo que permitió establecer una línea de base antes de modificar el uso del suelo.

En julio de 2003 se plantó Pinus taeda en LC2, mientras LC1 continuó como pastizal y funcionó como cuenca de control. Un dato importante para interpretar correctamente los resultados es que no se forestó toda la superficie: siguiendo prácticas silvícolas habituales se conservaron corredores ribereños, vías de acceso y zonas de fuerte pendiente, por lo que los árboles ocuparon aproximadamente el 57% de la cuenca tratada.

Una reducción acumulada del 35%

Durante los 17 años posteriores a la plantación, entre julio de 2003 y junio de 2020, el rendimiento hídrico acumulado de la cuenca forestada fue aproximadamente un 35% inferior al que los investigadores estimaron que habría tenido si hubiese permanecido bajo pastizal. En términos absolutos, la diferencia acumulada fue de unos 3.500 milímetros, equivalente a un promedio de 207 milímetros por año.

El efecto no apareció inmediatamente. Los autores no detectaron una reducción clara durante los primeros años y señalan que comenzó a hacerse evidente aproximadamente cuatro años después de la plantación, a medida que aumentaban el desarrollo radicular y la biomasa de los pinos.

Durante los últimos nueve años del período analizado, cuando el monte había alcanzado mayor madurez, la reducción media anual del caudal fue del orden del 43%, equivalente a unos 309 milímetros por año. La magnitud varió considerablemente entre años de acuerdo con las condiciones meteorológicas y la etapa de desarrollo de la plantación.

Los autores atribuyen buena parte de la diferencia a una mayor evapotranspiración. Los árboles poseen sistemas radiculares más profundos que el pastizal y pueden acceder a agua almacenada a mayor profundidad en el suelo, utilizando una proporción superior para transpiración.

No se midieron “todos los ríos del norte”

El resultado es científicamente importante, pero la escala del experimento debe quedar clara. Se estudiaron dos microcuencas específicas de 69 y 108 hectáreas bajo determinadas condiciones de suelo, relieve, precipitaciones y manejo. Lo que se midió fue el caudal de salida de esas cuencas experimentales y su evolución comparativa, no el comportamiento de todos los cursos de agua del norte uruguayo.

Tampoco corresponde trasladar automáticamente el porcentaje de 35% a cualquier plantación de pino o eucalipto. El propio trabajo señala que las reducciones dependen de las condiciones meteorológicas y del estado de desarrollo de los árboles, y que experiencias internacionales presentan una amplitud considerable de respuestas.

Esto no disminuye el valor de la investigación. Por el contrario, permite utilizar el resultado de manera más útil: como evidencia de que la concentración forestal dentro de determinadas cuencas debe formar parte de la planificación del recurso hídrico.

El manejo del monte también modifica el resultado

La larga duración del experimento permitió observar además el efecto de las intervenciones silvícolas. La plantación comenzó con unas 1.000 plantas por hectárea. En 2008 fue raleada hasta unas 650 plantas por hectárea y, en 2017, un raleo comercial redujo la densidad a aproximadamente 300 árboles por hectárea.

Luego de este último raleo, que retiró más de la mitad de la biomasa arbórea existente, disminuyó temporalmente la evapotranspiración y se redujo el impacto sobre el caudal. El efecto fue relativamente breve, porque el crecimiento posterior de los árboles remanentes llevó nuevamente el sistema hacia valores próximos a los observados antes de la intervención.

Este resultado es relevante desde el punto de vista productivo y ambiental: densidad, edad, raleos y estructura del rodal no son variables secundarias. El manejo forestal también puede formar parte de las herramientas utilizadas para administrar la relación entre producción y agua.

La evidencia uruguaya ya supera la escala experimental

La Corona no es actualmente la única referencia disponible. En 2024, Jimena Alonso, Luis Silveira y R. Willem Vervoort publicaron en Hydrological Processes un análisis que buscó llevar la discusión desde pequeñas cuencas experimentales hacia cuencas de mayor escala en Uruguay.

El estudio Assessing effects of afforestation on streamflow in Uruguay: From small to large basins identificó disminuciones estadísticamente significativas del caudal en cuatro cuencas del norte con fuerte crecimiento de la superficie forestada, aproximadamente cuando las plantaciones alcanzaron el 15% del área total de las cuencas analizadas.

Sin embargo, los autores también encontraron diferencias claras entre las respuestas observadas a pequeña y gran escala. La heterogeneidad de las precipitaciones, la configuración del paisaje y el manejo forestal modifican la forma en que los efectos locales se trasladan hacia cursos de agua de mayor tamaño.

La ciencia más reciente evita una regla demasiado simple

Una revisión publicada en 2026 en Forest Ecology and Management profundiza precisamente este punto. El trabajo, elaborado por Gina Dogliotti, Andrés Hirigoyen, François Birgand, Jaime Gonzalez-Talice y Rachel Cook, analiza la relación entre forestación y agua en los pastizales templados del bioma Pampa.

Los autores parten de una constatación: la forestación con eucaliptos y pinos generalmente reduce el rendimiento hídrico respecto de los pastizales, pero la magnitud varía ampliamente. Por eso cuestionan la simplificación de que exista una relación fija en la que determinada superficie de árboles produzca automáticamente determinada reducción de agua.

El artículo How much is too much forest? Catchment sensitivity and silvicultural controls on water yield in temperate grassland afforestation propone analizar conjuntamente cobertura forestal, productividad, densidad, estructura de los rodales, capacidad de almacenamiento de agua de los suelos, profundidad radicular, clima y posición de las plantaciones dentro de la cuenca.

Según esa revisión, el riesgo hidrológico en el bioma Pampa no está distribuido uniformemente. La gran mayoría de las cuencas mantiene proporciones reducidas de bosque plantado, mientras una cantidad mucho menor concentra porcentajes elevados. El problema, por tanto, puede ser particularmente importante allí donde plantaciones intensivas coinciden con cuencas hidrológicamente sensibles.

Pastizales, biodiversidad y paisaje

El agua no es la única dimensión que debe considerarse. Uruguay se encuentra dentro de los Pastizales del Río de la Plata y el campo natural continúa cubriendo aproximadamente el 55% del territorio, de acuerdo con información difundida por el MGAP en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026.

En 2018, investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República estudiaron la diversidad de aves y mamíferos en cinco paisajes con distintos niveles de forestación con eucalipto. A escala de rodal, la sustitución de pastizales por plantaciones redujo la riqueza y abundancia de varias especies, con efectos especialmente importantes sobre aves especialistas de ambientes abiertos.

Pero nuevamente la escala modifica la interpretación. El estudio no encontró una disminución de la riqueza total de especies a escala de paisaje dentro del gradiente analizado, aunque sí observó una reducción de aves especialistas de pastizal a medida que aumentaba la superficie forestada. Los autores estimaron que paisajes que mantengan al menos un 60% de hábitats naturales podrían conservar buena parte de la diversidad estudiada, aunque sería necesario aplicar medidas específicas para las especies más dependientes de ambientes abiertos.

El trabajo completo, Forestación en pastizales de Uruguay: efectos sobre la diversidad de aves y mamíferos a escala de rodal y del paisaje, aporta así otro argumento a favor de pensar la producción forestal como parte de un mosaico territorial y no como un uso aislado del resto del paisaje.

Un sector demasiado importante para ignorar sus impactos

La forestación es actualmente una de las principales actividades productivas y exportadoras de Uruguay. Según la Dirección General Forestal del MGAP, en 2025 el país contaba con 1.198.207 hectáreas de bosque plantado efectivo, extrajo 23,5 millones de metros cúbicos de madera rolliza y exportó productos forestales por US$ 2.754 millones, equivalentes al 20,4% de las exportaciones de bienes.

Esa importancia económica no constituye una razón para relativizar los resultados ambientales; es precisamente la razón para estudiarlos con mayor profundidad. Una actividad que alcanzó esta escala necesita conocimiento científico suficiente para anticipar impactos acumulativos y ajustar las prácticas cuando sea necesario.

Uruguay dispone además de una política de localización basada históricamente en suelos de prioridad forestal. El MGAP define estos suelos según criterios de aptitud y establece también situaciones condicionadas en las que la producción forestal debe integrarse con actividades agrícolas o ganaderas.

La evidencia que se acumula sobre agua y biodiversidad plantea ahora un paso adicional: además de analizar el suelo de cada establecimiento, puede ser necesario considerar con mayor detalle cuánto bosque se concentra dentro de una misma subcuenca, dónde se ubica y cómo se maneja a lo largo de cada ciclo productivo.

Ni negar el resultado ni convertirlo en una condena a la forestación

El estudio de La Corona aporta un resultado sólido: bajo las condiciones evaluadas, una plantación de pino que ocupó el 57% de una pequeña cuenca redujo significativamente su rendimiento hídrico durante buena parte del ciclo forestal. Ese dato debe formar parte de las decisiones futuras.

Pero la conclusión útil no es que Uruguay deba elegir entre árboles y agua. Tampoco que toda hectárea forestada produzca automáticamente el mismo efecto. La investigación disponible señala un problema más complejo y, por eso mismo, más manejable mediante planificación.

La forestación puede continuar siendo una política productiva estratégica, generar madera, celulosa, empleo, exportaciones y nuevas industrias de mayor valor agregado, mientras se fortalecen los criterios ambientales que regulan su desarrollo. La protección de corredores ribereños, la conservación de pastizales representativos, la distribución espacial de las plantaciones, la densidad de los rodales, los raleos y el seguimiento de las cuencas son herramientas que permiten mejorar ese equilibrio.

Una política forestal madura no debería temerle a este tipo de resultados. Debería utilizarlos. El desarrollo sostenible del sector depende de producir más conocimiento junto con la madera y de incorporar ese conocimiento a las decisiones sobre territorio, agua y biodiversidad.

Referencias

Alonso, J., Silveira, L., & Vervoort, R. W. (2024). Assessing effects of afforestation on streamflow in Uruguay: From small to large basins. Hydrological Processes, 38(9), e15272. https://doi.org/10.1002/hyp.15272

Brazeiro, A., Cravino, A., Fernández, P., & Haretche, F. (2018). Forestación en pastizales de Uruguay: efectos sobre la diversidad de aves y mamíferos a escala de rodal y del paisaje. Ecosistemas, 27(3), 48–59. https://doi.org/10.7818/ECOS.1508

Chescheir, G. M., Skaggs, R. W., Amatya, D. M., & Birgand, F. (2025). Hydrologic impacts of afforestation in Uruguay, a 20-year paired watershed study. Journal of the ASABE, 68(6), 1053–1071. https://doi.org/10.13031/ja.16474

Dogliotti, G., Hirigoyen, A., Birgand, F., Gonzalez-Talice, J., & Cook, R. (2026). How much is too much forest? Catchment sensitivity and silvicultural controls on water yield in temperate grassland afforestation. Forest Ecology and Management, 618, 124002. https://doi.org/10.1016/j.foreco.2026.124002

El País. (2026, 8 de septiembre). Uruguay plantó bosques de árboles en pastizales; 20 años después, los ríos transportaban mucha menos agua.

Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. (2026). Datos forestales. Dirección General Forestal.

Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. (2026). 2026: Año Internacional de los Pastizales y los Pastores.

Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. (2021). Suelos de prioridad forestal.

ICI Forestal – Elaboración propia a partir de publicaciones científicas, información oficial y antecedentes periodísticos. 10 de septiembre de 2026.