Uruguay combina agua, viento, sol y biomasa para generar electricidad. La matriz alcanzó 98% de origen renovable en 2025, pero esa cifra anual no elimina las diferencias entre fuentes ni garantiza que todas produzcan al mismo tiempo. El desafío es coordinarlas con respaldo, almacenamiento y redes capaces de llevar la energía hasta donde se consume.
En la nota anterior vimos que una matriz eléctrica renovable no equivale a que todo el consumo energético del país lo sea. Esta segunda entrega se concentra en otra pregunta: qué recursos eléctricos tiene Uruguay, cómo se complementan y qué infraestructura hace falta para aprovecharlos de forma confiable.
El Balance Energético Nacional 2025 del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) confirmó que 98% de la electricidad generada ese año provino de fuentes renovables. El dato expresa un resultado anual del sistema eléctrico; para comprender cómo se sostiene, conviene mirar las fuentes una por una y el trabajo que cumplen cuando las condiciones cambian.
Agua: una fuente que puede regularse, condicionada por las lluvias
Las represas hidroeléctricas aportan energía y capacidad de respuesta: el agua almacenada puede turbinarse cuando la demanda lo requiere, dentro de los límites de los embalses y de los caudales disponibles. Esa posibilidad de regular la producción ayuda a compensar variaciones de otras fuentes. No es, sin embargo, un recurso ilimitado: una sequía prolongada reduce el agua disponible y puede alterar cuánto aporta la hidroelectricidad durante meses o años.
La hidroelectricidad funciona así como pieza de equilibrio, pero depende de la gestión del agua y de condiciones climáticas que también afectan a la región. Su valor para el sistema no se mide solo por la electricidad que produce, sino también por cuándo puede entregarla.
Viento y sol: recursos abundantes, producción variable
La generación eólica crece cuando hay viento suficiente; la solar, durante las horas de radiación. Ambas reducen la necesidad de combustibles fósiles cuando producen, pero su disponibilidad varía con el tiempo y no se ajusta por sí sola a cada cambio de la demanda. Puede haber horas de excedente y otras en que el sistema necesita recurrir a otras fuentes.
La diversificación ayuda porque los perfiles no son idénticos: los paneles solares producen de día y los parques eólicos responden a otro patrón meteorológico. La combinación distribuye riesgos, aunque no suprime la variabilidad. Por eso la planificación requiere observar la producción y el consumo hora a hora, además de comparar porcentajes anuales.
Biomasa y respaldo: flexibilidad con condiciones propias
La biomasa —incluidos residuos de procesos industriales y forestales— aporta electricidad y, en algunas instalaciones, calor útil para la actividad productiva. A diferencia del viento y el sol, las centrales que utilizan biomasa pueden programar su generación según la operación y la disponibilidad de combustible, aunque dependen de una cadena de suministro sostenible y de las necesidades de las industrias asociadas.
La generación térmica con combustibles fósiles mantiene un papel de respaldo para episodios en que las fuentes renovables no alcanzan. En 2025 representó una fracción pequeña de la generación eléctrica, pero su presencia recuerda que un promedio renovable alto no equivale a prescindir de capacidad firme. La discusión técnica es cómo cubrir esos períodos con seguridad y reducir las emisiones del respaldo.
Almacenar y conectar: las piezas que ganan importancia
El almacenamiento puede desplazar energía entre momentos: cargar cuando hay excedentes y devolver electricidad cuando la producción renovable cae o la demanda aumenta. No genera energía nueva ni reemplaza por sí solo todas las funciones de una central; su aporte depende de la potencia, la duración, el costo y el lugar donde se instala. UTE ha señalado que el sistema uruguayo comenzará a incorporar gradualmente sistemas de almacenamiento, como una opción adicional de respaldo y gestión.
También importan las redes de transmisión y las interconexiones regionales. Uruguay intercambia electricidad con Argentina y Brasil; esa conexión puede facilitar compras o exportaciones según las condiciones de cada sistema. En febrero de 2025, UTE informó que un acuerdo entre Uruguay y Brasil preveía optimizar el intercambio eléctrico y ampliar el rango de potencia disponible entre ambos países. La interconexión ofrece flexibilidad, aunque no sustituye la capacidad propia ni garantiza que los países vecinos dispongan siempre de excedentes.
La siguiente etapa no consiste únicamente en instalar más generación renovable. Requiere coordinar embalses, pronósticos de viento y sol, centrales de biomasa, respaldo, almacenamiento y redes. También exige evaluar la infraestructura por ubicación y por horario: una nueva fuente aporta más cuando el sistema puede evacuar su producción y utilizarla en el momento adecuado.
Uruguay ya construyó una matriz eléctrica diversa. El paso pendiente es ampliar la flexibilidad para que esa combinación responda a una demanda cambiante con costos y emisiones controlados. Ese será un tema central de la transición que viene y del desarrollo de nuevas actividades intensivas en energía.
Fuentes principales
Ministerio de Industria, Energía y Minería. (2026, 31 de julio). El consumo de electricidad en el transporte superó por primera vez al del conjunto de las industrias del cuero y textil: Balance Energético Nacional 2025.
UTE. (2026). Almacenar: el nuevo desafío de la generación renovable.
UTE. (2025, 13 de febrero). Uruguay y Brasil: aumento en la potencia del flujo de energía eléctrica entre ambos países.
MIEM. Balance Energético Nacional: documentos, visualizadores y matrices consolidadas.
ICI Forestal
