La demanda mundial de productos de madera seguirá creciendo durante las próximas décadas y podría aumentar 37% hacia 2050 en un escenario tendencial, según proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El desafío será responder a esa expansión sin trasladar una mayor presión sobre los bosques naturales, en un contexto en el que consumidores, gobiernos y mercados comienzan a exigir cada vez más trazabilidad y garantías sobre el origen de la madera.
La discusión volvió al centro de la agenda internacional este 9 de septiembre a partir de un informe de Reuters, que analiza la creciente tensión entre la pérdida de cobertura forestal, el aumento del consumo de madera y las nuevas regulaciones destinadas a impedir que los productos forestales comercializados internacionalmente estén vinculados con procesos de deforestación.
El punto de partida es una transformación que resulta, en buena medida, favorable para el sector forestal: la madera está siendo considerada cada vez con mayor frecuencia como sustituto renovable de materiales de elevada huella de carbono, especialmente en construcción, envases, fibras, mobiliario y distintas aplicaciones industriales.
Pero esa oportunidad plantea una pregunta decisiva: de dónde provendrá toda la madera adicional que el mundo necesitará.
Un 37% más de productos de madera hacia 2050
La proyección utilizada por Reuters procede del estudio Global forest sector outlook 2050, elaborado por la FAO junto con la Organización Internacional de las Maderas Tropicales y especialistas internacionales.
En un escenario de continuidad de las tendencias actuales, la FAO estima que el consumo de productos primarios procesados de madera —entre ellos madera aserrada, tableros, chapas y pulpa— podría aumentar 37% respecto de los niveles tomados como referencia y alcanzar alrededor de 3.100 millones de metros cúbicos equivalentes de madera rolliza hacia 2050.
La demanda podría ser incluso mayor si se acelera la sustitución de materiales no renovables mediante productos como madera estructural de ingeniería y fibras celulósicas para textiles. La propia FAO considera que el crecimiento de la bioeconomía puede aumentar todavía más el consumo proyectado.
Esto transforma a la madera en un recurso cada vez más estratégico. Su condición renovable, reciclable y capaz de almacenar carbono durante su vida útil constituye una ventaja, pero solamente cuando el recurso forestal que la origina es gestionado de manera sostenible.
Más demanda no debería significar más deforestación
La expansión del consumo ocurre mientras los bosques naturales enfrentan presiones provenientes de múltiples actividades. Reuters señala, a partir de información del World Resources Institute, que la agricultura continúa siendo el principal factor de deforestación permanente, mientras incendios y aprovechamiento forestal explican una parte importante de la pérdida de cobertura arbórea registrada durante las últimas décadas.
Conviene distinguir ambos conceptos. Pérdida de cobertura arbórea no equivale automáticamente a deforestación permanente: un bosque aprovechado o afectado por un incendio puede regenerarse. Sin embargo, la recuperación puede necesitar décadas y en determinados casos el ecosistema original no llega a reconstruirse completamente.
La respuesta, por tanto, no pasa por frenar el uso de madera como material renovable, sino por determinar qué bosques deben producirla, bajo qué condiciones y con qué sistemas de control.
Las plantaciones tendrán un papel creciente
La FAO señala que una parte de la demanda futura podrá ser cubierta mediante aumentos de productividad en bosques gestionados sosteniblemente y mediante una mayor participación de los bosques plantados. Si la producción de los bosques regenerados naturalmente permaneciera estable, el organismo estima que podrían necesitarse al menos 33 millones de hectáreas adicionales de plantaciones para responder a las necesidades previstas hacia 2050.
Las plantaciones forestales de alta productividad permiten concentrar una producción importante de fibra y madera sobre superficies relativamente acotadas, reduciendo la necesidad de obtener esos volúmenes desde bosques naturales. Esa ventaja no elimina, sin embargo, la necesidad de una adecuada planificación territorial y ambiental.
Agua, suelos, biodiversidad, corredores naturales, prevención de incendios, paisaje, convivencia con otras producciones y relación con las comunidades deben formar parte de la evaluación. Una plantación productiva bien gestionada no es un bosque nativo, pero tampoco debe ser considerada automáticamente como una forma de degradación: cumple otra función dentro del territorio y requiere reglas específicas.
El caso de la brasileña Suzano, citado por Reuters, muestra esa lógica. La compañía basa su producción de celulosa en plantaciones de eucalipto y sostiene que una parte importante de ellas se ubica sobre tierras anteriormente degradadas por otros usos. Según la empresa, alrededor de sus 1,6 millones de hectáreas de plantaciones mantiene aproximadamente 1,1 millones de hectáreas destinadas a protección y regeneración de vegetación natural, junto con sistemas de geolocalización y trazabilidad.
El ejemplo no significa que todas las plantaciones sean equivalentes ni que cualquier expansión resulte ambientalmente adecuada. Muestra, en cambio, que producción intensiva y conservación pueden formar parte de una misma estrategia territorial cuando existen planificación, controles y objetivos de largo plazo.
Europa exigirá demostrar el origen de la madera
El cambio más inmediato para el comercio internacional llegará desde la Unión Europea. El Reglamento europeo sobre productos libres de deforestación (EUDR) comenzará a aplicarse el 30 de diciembre de 2026 para grandes y medianos operadores y para determinadas pequeñas empresas ya alcanzadas por la normativa anterior. Para la mayoría de las micro y pequeñas empresas la aplicación comenzará el 30 de junio de 2027.
La regulación comprende madera y numerosos productos derivados, además de otras materias primas asociadas históricamente con deforestación. Los operadores deberán demostrar que los productos comercializados en el mercado europeo no proceden de tierras deforestadas y que fueron producidos conforme a la legislación del país de origen.
La exigencia introduce un cambio importante: ya no será suficiente conocer el país o la empresa de procedencia. La trazabilidad debe alcanzar el sitio concreto de producción mediante información geográfica verificable.
El Forest Stewardship Council (FSC) actualizó en agosto de 2026 su Módulo Regulatorio de Cadena de Custodia para facilitar el cumplimiento de estas obligaciones. El sistema incorpora recopilación de información, evaluación de riesgos, medidas de mitigación, geolocalización y transmisión de datos a lo largo de la cadena.
Trazabilidad: de requisito ambiental a condición comercial
La trazabilidad forestal está dejando de ser un elemento accesorio de certificación para convertirse en una condición concreta de acceso a determinados mercados.
Esto tiene consecuencias para toda la cadena: productores, contratistas, transportistas, industrias, exportadores y compradores deberán mantener información consistente desde el predio forestal hasta el producto final. Tecnologías de georreferenciación, bases de datos interoperables, imágenes satelitales y sistemas digitales de cadena de custodia tendrán un papel cada vez mayor.
El desafío es especialmente importante porque los mercados internacionales no funcionan con el mismo nivel de exigencia. Una regulación estricta puede reducir la deforestación asociada al mercado que la aplica, pero también existe el riesgo de que productos de origen dudoso sean desviados hacia destinos con controles menores. Por eso, la regulación del consumo necesita complementarse con instituciones y sistemas de control sólidos en los países productores.
Uruguay parte de una base diferente
Para Uruguay, la discusión internacional presenta características particulares. La producción industrial forestal del país se apoya fundamentalmente en bosques plantados de eucalipto y pino, mientras que el bosque nativo se encuentra sometido a un régimen jurídico y de manejo diferenciado.
Según los últimos datos de la Dirección General Forestal del MGAP, Uruguay alcanzó en 2025 aproximadamente 1.198.207 hectáreas de bosque plantado efectivo. Ese mismo año se extrajeron 23,5 millones de metros cúbicos de madera rolliza.
La cartografía oficial registra además unas 847.000 hectáreas de bosque nativo. Su aprovechamiento no puede confundirse con la silvicultura comercial de plantaciones: la Dirección General Forestal mantiene un régimen específico de registro, protección y planes de manejo para las intervenciones autorizadas sobre bosque nativo.
Esta separación entre bosque nativo y bosque productivo constituye una fortaleza que debe conservarse. El crecimiento futuro de la industria forestal uruguaya debería apoyarse en aumentar productividad, eficiencia y valor agregado sobre una base plantada manejada con criterios ambientales claros, sin trasladar la expansión industrial hacia los ecosistemas nativos.
Una oportunidad comercial para Uruguay
El crecimiento mundial de la demanda puede convertirse en una oportunidad importante para el país. El Boletín Estadístico del Sector Forestal 2026 señala que en 2025 Uruguay exportó productos forestales por US$ 2.754 millones, equivalentes al 20,4% de las exportaciones nacionales de bienes.
El sector continúa fuertemente concentrado en celulosa, que representó 84% del valor exportado. Esa especialización muestra la fortaleza alcanzada, pero también el espacio todavía disponible para desarrollar madera aserrada, productos de ingeniería, componentes para construcción, tableros, muebles y otras manufacturas con mayor transformación.
La evolución internacional hacia una economía que utilice más madera puede favorecer precisamente esos segmentos. El desafío para Uruguay no debería ser solamente producir más metros cúbicos, sino obtener más valor económico, tecnológico e industrial de cada metro cúbico producido.
La Unión Europea es además uno de los principales destinos de la celulosa uruguaya. Por eso, la entrada en aplicación de la EUDR no constituye un asunto lejano: las capacidades de monitoreo, georreferenciación y trazabilidad pueden transformarse en una ventaja competitiva si permiten demostrar con claridad el origen de la madera y el cumplimiento de las normas ambientales y productivas nacionales.
Producir más, pero producir mejor
La proyección de un crecimiento de 37% en el consumo mundial de productos de madera no debería interpretarse únicamente como una oportunidad comercial ni solamente como una amenaza ambiental. Es ambas cosas a la vez, dependiendo de cómo se organice la respuesta productiva.
El mundo necesitará más madera si pretende sustituir parte del acero, cemento, plásticos y fibras de origen fósil por materiales renovables. Pero esa transición solamente tendrá sentido si la madera procede de sistemas capaces de regenerar el recurso, conservar los bosques naturales y demostrar su trazabilidad.
Para Uruguay, que ya dispone de una base forestal productiva, una institucionalidad de control y una industria exportadora consolidada, el escenario ofrece una posibilidad concreta: avanzar hacia una etapa en la que crecimiento forestal signifique cada vez más industria, innovación, tecnología y valor agregado, manteniendo al mismo tiempo una clara separación entre los bosques destinados a producción y aquellos que deben ser conservados por su valor ambiental.
Referencias
European Commission. (2026). Regulation on deforestation-free products.
Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2022, October 4). Consumption of primary processed wood products predicted to grow 37 percent by 2050.
Forest Stewardship Council. (2026, August 14). FSC Regulatory Module – Chain of Custody Certification.
Mehta, A. (2026, September 9). As forest loss accelerates, can the world meet the rising demand for wood? Reuters.
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. (2026). Bosque nativo. Dirección General Forestal.
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. (2026, April 20). Boletín Estadístico del Sector Forestal 2026. Dirección General Forestal.
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. (2026). Datos forestales. Dirección General Forestal.
ICI Forestal – Elaboración propia a partir de Reuters, FAO, Comisión Europea, FSC y fuentes oficiales uruguayas. 9 de septiembre de 2026.